¡Mía es la Venganza!

venganza

1 Samuel 26:1-9 «Vinieron los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está David escondido en el collado de Haquila, al oriente del desierto? Saúl entonces se levantó y descendió al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif. Y acampó Saúl en el collado de Haquila, que está al oriente del desierto, junto al camino. Y estaba David en el desierto, y entendió que Saúl le seguía en el desierto. David, por tanto, envió espías, y supo con certeza que Saúl había venido. Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de él. Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo. David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él. Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente

Este pasaje nos cuenta como el rey Saúl estaba persiguiendo a David para matarlo. Una noche, David y uno de sus hombres, Abisai, se llegaron hasta el campamento de Saúl y descubrieron que el rey y sus hombres dormían. Viendo que estaban totalmente indefensos, Abisai pidió permiso a David para matar a Saúl, diciendo que esta oportunidad había venido de Dios. David pudo haber consentido fácilmente. Total es que Saúl lo estaba buscando a él para matarlo, así que perfectamente podía considerar el acto como defensa propia. Pero no sólo eso, sino que ya David en una ocasión anterior había perdonado la vida a Saúl cuando pudo haberlo matado (1 Samuel 24). En aquel momento Saúl lloró cuando se enteró de la misericordia de David, y decidió abandonar la persecución, y hasta declaró que David era apto para ser el próximo rey de Israel.

Pero ahora Saúl había reanudado su inflexible acoso. Y de nuevo David lo tenía indefenso frente a él. Bien pudo haber razonado: «Lo perdoné una vez. Dios me está dando esta segunda oportunidad.» Además, Abisai insistía en matarlo. ¡Qué fantástica oportunidad de librarse de aquel que tanto lo odiaba! Sin embargo, David rechazó esos pensamientos porque creía firmemente que no estaba bien matar al hombre que Dios había ungido para que fuese rey de Israel. Y le respondió a Abisai: «No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?»

Cuando nos tratan injustamente, es fácil aprovechar cualquier oportunidad para vengarse, y después tratar de justificar la acción sobre la base de ese maltrato de que fuimos víctimas, e incluso hasta aseguramos que Dios fue el que facilitó la oportunidad. Sin embargo, estos no son los principios que deben guiar a un hijo de Dios que verdaderamente desea agradar a su Padre celestial. En el Sermón del Monte, Jesús dijo a sus discípulos: «No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.» (Mateo 5:39). Es muy difícil poner en práctica esta enseñanza, pues nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer lo contrario, como quería Abisai. Pero, al igual que David, nosotros podremos lograrlo si acudimos a la ayuda del Señor. Lo más importante es poner en primer lugar, antes que nuestros sentimientos y nuestros impulsos carnales, los principios de la palabra de Dios, y nuestra disposición a obedecer su voluntad. El apóstol Pablo dio este consejo a los romanos: «No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.» (Romanos 12:19).

Si estás luchando con un sentimiento de venganza en relación a alguien que te ha hecho daño, haz tuya esta enseñanza, y glorifica el nombre de Dios siguiendo sus preceptos y obedeciendo su voluntad. Déjalo en manos del Señor. Ten la completa seguridad de que El recompensará con creces tu obediencia.

ORACION:

Padre santo, delante de ti me presento y deseo con mi anhelo agradarte en todo lo que yo hago, pero me resulta muy difícil a veces obedecer tu palabra cuando se trata de controlar mis deseos de vengarme de quien me ha herido tan profundamente. Por favor dame las fuerzas para sobreponerme a estos sentimientos y mostrar tu amor y tu misericordia, y que tu espíritu Santo me guie a toda verdad y justicia, te lo pido en el nombre de nuestro Sr. Jesucristo, Amén.

Que tengas un excelente día javier.alor@outlook.com

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