COMO VASO DE BARRO

COMO VASO DE BARRO

vasosPero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados, en apuros mas no desesperados; perseguidos mas no desamparados; derribados pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 2 de Corintios 4; 7-10.

Introducción

En el camino de la vida no hay lugares planos. Otra persona no puede vivir por nosotros. Pasamos un campo, cruzamos un río, pasamos altas y precipitosas montañas, atravesamos un túnel oscuro, y nuestro cuerpo se empapa en la tormenta de un viento lluvioso, luego cruzamos otra montaña, con nieves que vuelan por el viento, temblamos por el frió que nos entra hasta en los huesos; luego es un hermoso día de sol. Todo esto simboliza a nuestra vida. Pero los hijos de Dios tienen en este camino a un compañero. El es nuestro Sr. Jesucristo. El esta siempre con nosotros, es nuestra luz, nuestra vida, nuestro salvador, nuestro auxilio que nos hace vencer a nuestras tribulaciones. Sin la ayuda del Señor, no podríamos vivir venciendo a la vida plenamente. Nuestra realidad es que fuimos hechos de barro. El vaso de barro casi no tiene valor y si se cae, se rompe fácilmente. Pero si se le pone dentro un tesoro su valor y su importancia cambia grandemente. Si recibimos a Cristo dentro, nos convertimos en un vaso de barro muy precioso. Y no puede más que cambiar su valor; si recibimos al rey de reyes, al Señor del universo, al grandioso Dios dentro de nosotros.

 Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados.

Si vivimos teniendo este tesoro en este vaso, no vivimos angustiados aunque estemos atribulados en todo. 2 de Reyes 6;14-17 dice que el rey Aram de Benjada había decidido prender al profeta de Dios, Elíseo. Al enterarse que Eliseo vino a Dotan, el ejercito rodeo toda la noche el lugar. Por la mañana el que servía a Eliseo se levantó, salió afuera, se asustó y entró corriendo diciendo: Señor, Señor, ahora somos hombres muertos. El ejército de Aram tiene rodeado Dotan. Al otro lado de la ciudad estaba el ejército de Aram como cortando el cielo con sus armas que brillaban en lo alto. Entonces Eliseo miró a su siervo y le dijo: Cállate y siéntate, los que están con nosotros son más que los que están con ellos. Y oró: Te ruego Jehová que abras sus ojos para que vea! Dios le abrió los ojos y vio que entre el ejército de Aram y Eliseo, el monte estaba lleno de gente a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo. Al final el ejército de Aram fue prisionero de Eliseo.

Mientras vivimos también nosotros tenemos alrededor un enemigo rodeando como el ejército de Aram. No es unas ni dos veces que estamos atribulados en todo. Nos rodea el pecado, nos rodean las tentaciones del mundo, o las enfermedades. Nos rodea la ansiedad de la vida, las turbaciones, las tristezas, la desesperación, o nos rodea el enemigo y nos ataca. Si en ese momento peleamos con nuestras fuerzas, nuestro vaso de barro se hace pedazos. Pero cuando dependemos del Cristo, que está en nosotros, nuestros problemas se tornan diferentes. Si dependemos de otra cosa que no sea el, nos quebramos.

El vaso de barro no tiene la fuerza para enfrentar. En hebreos 10:38 dice: Mas el justo vivirá por fe, y si retrocediere no agradará a mi alma. Si sabemos que Jesús esta en nosotros, sabemos que es el Dios que creó el cielo y la tierra, el mundo y todo lo que hay en el. Si creemos en este Dios y dependemos de el, no podemos mirar las circunstancias y volver atrás. 1 de Juan 4; 4 dice: Hijitos vosotros sois de Dios y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo. El que está en nosotros es más grande que el mundo. Aunque seamos miserables e insignificantes, tenemos en nosotros, al tesoro Jesucristo que creo el universo y toda la creación. Jesucristo, el superávit, nos hace vencer cualquier cosa. Esto sucedió hace unos 100 años en Londres. Un anciano estaba tocando con emoción su violín para poder juntar algunas monedas de los que pasaban. Pero todos se hicieron de oídos sordos, con una actitud horrible de orgullo; y no juntó ni siquiera una moneda. Aumentaba el frío y las manos del anciano se endurecían. Pasó un extranjero y se quedó un momento delante del anciano y le dijo: Préstame su violín. El anciano le prestó aunque no de buen gusto porque ya hacía frió y las manos se le endurecían. El violín empezó a sonar. Era tan hermosa la melodía que los que pasaban se apresuraron y empezaron a darle dinero. El sombrero del anciano se llenó de monedas y de billetes. Y como este viejo caballero no paraba de tocar, se juntó una gran multitud y oyeron sin cesar aquel violín. La policía vino a intervenir porque obstruía el tránsito, pero se quedó tan encantado con la melodía que se quedó a oírla sin parar. Después de oírlo por un largo rato, de repente alguien gritó: Este es Nicol Paganini! El violinista pasaba por el camino y tuvo pena del anciano por lo que empezó a tocar y atrajo a todas las personas. Paganini desapareció en medio de la multitud.

Nosotros somos como un violín viejo. Tocamos pero no ocurre nada. La gente no tiene interés, y si obra el enemigo ruge y nos vamos para abajo. Pero dentro nuestro esta el gran Jesús que nos enciende. Nosotros, los humanos injustos y malvados, somos como ese viejo e insignificante violín, pero con Cristo dentro nuestro valor e importancia cambia como a la altura de los cielos y la tierra. Aunque estemos atribulados no necesitamos temer porque Jesús esta en nosotros. No estamos angustiados. El que está con nosotros es más fuerte que todos los enemigos.

 Que tengas un excelente día javier.alor@outlook.com

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